Drones criminales en LATAM: la lección de Ucrania

14.07.26 09:07 PM - Comentario(s)

La guerra de Ucrania transfiere conocimiento drónico al crimen organizado en América Latina


América Latina ya ha entrado en la fase inicial de la amenaza drónica criminal. El punto de inflexión no llegará cuando los grupos descubran los drones —ya los usan—, sino cuando aprendan a integrarlos en sistemas operativos que combinen inteligencia, vigilancia, ataque, guerra electrónica y explotación propagandística. La guerra de Ucrania es el acelerador de ese aprendizaje. La ventaja no será para quien tenga más drones, sino para quien aprenda más rápido.

La principal amenaza que la guerra de Ucrania puede trasladar a América Latina no es un flujo masivo de armamento, sino algo mucho más difícil de interceptar: conocimiento operativo.

Ese conocimiento —doctrina, tácticas, técnicas y procedimientos (TTPs) en el empleo de sistemas no tripulados— es el verdadero vector de cambio estructural para el crimen organizado regional durante la próxima década. No viaja en un contenedor. Viaja en la cabeza de un operador, en un manual, en un vídeo o en un foro cerrado. Y no se detiene en una frontera.

El European Union Terrorism Situation and Trend Report 2026 (EU-TE-SAT) de Europol alerta sobre dos dinámicas que conviene analizar de forma conjunta. Por un lado, actores terroristas y extremistas muestran un interés creciente por métodos de ataque innovadores, incluidos los drones. Por otro, la guerra de Ucrania puede favorecer la adquisición de habilidades operativas, el tráfico ilícito de armas y la circulación de individuos con experiencia en un conflicto de alta intensidad.

Aunque el informe está orientado a la seguridad europea, su advertencia resulta especialmente pertinente para América Latina. La región concentra varios de los factores que aceleran la adopción criminal de las innovaciones surgidas en Ucrania: organizaciones con elevados recursos económicos, mercados tecnológicos poco controlados, amplios espacios rurales, instituciones con capacidades desiguales, economías ilícitas transnacionales y una larga tradición de adaptación táctica frente al Estado.




¿Por qué el dron no es el arma, sino el sistema?

El dron no es el arma: el arma es el sistema de combate que lo integra. Durante años, las organizaciones criminales emplearon UAVs sobre todo como herramientas auxiliares: vigilar movimientos policiales, reconocer rutas, controlar cultivos ilícitos, transportar pequeñas cargas o introducir objetos en prisiones. Servían para ver más lejos, reducir riesgos y mejorar la eficiencia logística.

Esa etapa está siendo superada. En México, los UAV comerciales modificados con mecanismos de liberación (drop) se han incorporado progresivamente a los enfrentamientos entre organizaciones, a los ataques contra fuerzas de seguridad y a las campañas de intimidación sobre comunidades rurales. En julio de 2026, Associated Press documentó una ofensiva de La Nueva Familia Michoacana en Guerrero con drones bombarderos contra poblaciones y grupos rivales, mientras buena parte del dispositivo de seguridad estaba concentrado en las ciudades sede del Mundial.

Colombia presenta una evolución comparable. El Servicio de las Naciones Unidas de Actividades relativas a las Minas (UNMAS) señala que los sistemas no tripulados han pasado de emplearse principalmente para vigilancia, al menos desde 2018, a convertirse en plataformas capaces de transportar y liberar cargas explosivas, con nuevos riesgos para las comunidades, la Fuerza Pública, las operaciones humanitarias y el desminado.

El Ministerio de Defensa colombiano informó de 115 incidentes relacionados con ataques mediante drones durante 2024. Posteriormente, el Gobierno planteó un amplio programa nacional de defensa antidrón tras registrar 264 incidentes entre 2024 y 2025, con quince militares fallecidos y más de 150 heridos.

Estos casos confirman que la región ya ha cruzado el umbral inicial. Aun así, todavía predominan adaptaciones relativamente sencillas: drones comerciales, sistemas de liberación improvisados, cargas ligeras, navegación visual y ataques sobre objetivos con escasa protección. La experiencia ucraniana puede transformar ese modelo. Allí el dron dejó de ser una plataforma aislada para convertirse en un nodo dentro de un ecosistema de combate: su eficacia depende de la planificación de la misión, la inteligencia previa, la selección del objetivo, la calidad de las comunicaciones, la adaptación a la guerra electrónica y la rapidez con que las unidades incorporan lecciones aprendidas. Eso es, precisamente, lo que puede exportarse.


¿Cuál es la transferencia más peligrosa tras la guerra de Ucrania?

La transferencia más peligrosa es el conocimiento, porque no puede interceptarse en una frontera ni detectarse con un escáner. Cuando se habla de proliferación posbélica, el debate suele centrarse en armas desviadas, explosivos, munición o combatientes retornados. Todos son riesgos reales. Pero el conocimiento plantea un problema distinto: es intangible y replicable.

Un operador experimentado puede transferir en pocas semanas competencias que tardaron años en madurar por ensayo y error. Puede enseñar a modificar una aeronave comercial, seleccionar componentes, construir cargas, ejecutar la reducción de la firma electromagnética (EMCON), operar en entorno EW degradado, emplear repetidores, interpretar imágenes o diseñar procedimientos de lanzamiento y recuperación.

También transmite una cultura de innovación acelerada. Ucrania ha demostrado que el ciclo entre detectar una necesidad, probar una solución, desplegarla y corregirla puede comprimirse drásticamente. Ese modelo de adaptación continua es especialmente compatible con organizaciones criminales flexibles, descentralizadas y poco condicionadas por procedimientos administrativos.

La Global Initiative Against Transnational Organized Crime (GI-TOC) ha advertido de esta convergencia. En un informe de 2025 mencionó informaciones sobre un supuesto miembro de un cártel mexicano que habría buscado adquirir experiencia como piloto FPV en Ucrania para trasladar después esas capacidades al ámbito criminal. El caso debe tratarse como información reportada, no como evidencia de un programa sistemático de infiltración; pero ilustra un riesgo plausible: la búsqueda deliberada de experiencia operacional en zonas de guerra.

El mismo estudio sostiene que ciertas innovaciones recientes, como los UAV FPV con guiado por fibra óptica —inmunes a la inhibición por radiofrecuencia—, ya habrían aparecido en manos criminales mexicanas. De confirmarse una adopción más amplia, obligaría a revisar los modelos C-UAS basados casi exclusivamente en inhibidores. La transferencia, además, no exige el desplazamiento físico del especialista: puede producirse mediante comunidades digitales, manuales, cursos privados, redes criminales, empresas pantalla o mercados de componentes. El conocimiento puede viajar sin que lo haga la persona que lo posee.


¿Por qué América Latina es un entorno especialmente receptivo?

América Latina es receptiva porque combina una demanda criminal intensa con una disponibilidad tecnológica amplia y escaso control. Las organizaciones del narcotráfico necesitan vigilar territorios, proteger laboratorios, asegurar corredores, detectar operaciones policiales, intimidar rivales y sostener comunicaciones donde la infraestructura convencional es limitada. El dron mejora cada una de esas funciones.

El patrón se repite por sectores: las redes de minería ilegal lo usan para reconocer movimientos de las autoridades y controlar enclaves remotos; el contrabando lo despliega sobre fronteras, ríos y puertos; las estructuras penitenciarias transportan armas, teléfonos o droga; y las bandas urbanas lo convierten en medio de vigilancia sobre barrios, comisarías o residencias de objetivos. Su valor no reside solo en atacar, sino en proporcionar superioridad informacional (dominio ISR) a actores que antes dependían de vigías, informantes o redes locales.

Esto altera la relación entre territorio y poder. Una organización ya no necesita ocupar físicamente cada punto para observarlo: puede proyectar vigilancia aérea, generar incertidumbre, seguir patrullas, identificar patrones y preparar emboscadas desde una posición relativamente segura. A medida que aumente la experiencia, es previsible el paso del empleo oportunista a operaciones planificadas —saturar defensas, forzar el cierre de aeropuertos, interrumpir actos públicos, atacar estaciones policiales o amenazar infraestructura energética—. No todos los escenarios son igual de probables ni exigen tecnología sofisticada. Esa es la dificultad: un sistema barato puede producir efectos estratégicos si obliga a suspender una operación, evacuar una instalación o desplegar recursos desproporcionados. El objetivo criminal no tiene por qué ser destruir. Puede ser demostrar control.


Corto plazo (0–2 años): ¿cómo evolucionará la amenaza drónica criminal?

En los próximos dos años, el escenario más probable es una expansión cuantitativa y geográfica de los usos ya observados en México y Colombia. Los grupos seguirán empleando plataformas comerciales modificadas para reconocimiento, transporte y lanzamiento de explosivos, con mejor selección de objetivos, cámaras térmicas, mecanismos de liberación más fiables y coordinación de varios drones en una misma acción.

Aumentará también el uso de drones para preparar emboscadas: una aeronave detecta la composición de una patrulla, identifica vehículos, sigue rutas y transmite en tiempo real a una célula terrestre que ejecuta el ataque. En este horizonte, el riesgo principal no es la aparición inmediata de enjambres plenamente autónomos, sino la profesionalización de capacidades accesibles. Una pequeña unidad con dos operadores entrenados, varios drones comerciales, comunicaciones protegidas y procedimientos ensayados puede generar una ventaja local significativa frente a una fuerza pública sin detección aérea, protocolos de reacción o disciplina electromagnética.

Y surgirá un mercado de servicios. Igual que las organizaciones contratan sicarios, transportistas o especialistas en lavado, podrían contratar pilotos, técnicos y fabricantes de cargas. El modelo Drone-as-a-Service (DaaS) permitiría a grupos pequeños acceder a capacidades avanzadas sin desarrollarlas internamente.


Medio plazo (3–5 años): del dron aislado al ecosistema criminal

A tres o cinco años, la amenaza puede alcanzar una segunda fase: la integración del dron en un ecosistema. Los sistemas podrían combinarse con redes de sensores, inteligencia artificial, comunicaciones satelitales, posicionamiento alternativo y análisis de imágenes. La IA no convertirá a una banda en una fuerza militar, pero facilitará tareas concretas: identificar vehículos, clasificar movimientos, analizar patrones, generar rutas o priorizar imágenes relevantes.

Es previsible, además, una expansión al dominio marítimo. Las economías ilícitas regionales dependen de puertos, ríos, costas y rutas oceánicas; los sistemas no tripulados de superficie (USV) o semisumergibles podrían combinarse con drones aéreos para explorar rutas, vigilar embarcaciones, transportar mercancía o detectar presencia policial.

El riesgo más grave es la convergencia de capacidades: un dron de reconocimiento detecta la patrulla, otro interfiere o distrae, un tercero lanza la carga y una célula terrestre explota el efecto. No sería una copia exacta del modelo ucraniano, sino su adaptación a necesidades criminales locales. Y genera una asimetría peligrosa: las fuerzas de seguridad adquieren sistemas mediante procesos prolongados, presupuestos anuales y requisitos institucionales, mientras las organizaciones compran, prueban y descartan tecnología con rapidez. El Estado puede disponer de más recursos y, aun así, aprender más despacio.


Tabla 1 — Fases de evolución de la amenaza drónica criminal en América Latina

Horizonte temporal

Capacidad dominante prevista

Indicador de alerta temprana (I&W)

Corto plazo (0–2 años)

Profesionalización de capacidades accesibles: UAV comerciales modificados, mejor selección de objetivos, cámaras térmicas y ataques coordinados con célula terrestre

Aparición de equipos con dos operadores entrenados, procedimientos ensayados y comunicaciones protegidas

Medio plazo (3–5 años)

Ecosistema drónico integrado: sensores en red, IA aplicada a reconocimiento, guiado por fibra óptica y extensión al dominio marítimo (USV / semisumergibles)

Convergencia de plataformas en una misma acción (reconocimiento + interferencia + ataque + explotación terrestre)

Vector estructural

Ciclo de adaptación acelerado (detectar–probar–desplegar–corregir) superior al del Estado

Reducción del tiempo entre incidente e imitación regional del TTP


 

¿Por qué comprar inhibidores no basta como defensa C-UAS?

Comprar inhibidores no basta porque la amenaza es un sistema, y un sistema no se neutraliza con un efector aislado. Buena parte de las estrategias antidrón en la región siguen centradas en la adquisición aislada de jammers RF, detectores de radiofrecuencia o armas de interferencia portátiles. Son herramientas necesarias, pero insuficientes.

La defensa efectiva exige una arquitectura C-UAS en capas que integre detección, clasificación, identificación, seguimiento y neutralización, combinando sensores de radiofrecuencia, radar, medios electroópticos y acústicos adaptados al entorno. Una solución para una base militar rural no sirve necesariamente para un aeropuerto, una prisión, una refinería o un acto multitudinario: cambian las distancias, la densidad electromagnética, el riesgo para terceros y las restricciones legales.


Tabla 2 — Cadena funcional de una arquitectura C-UAS en capas

Función de la cadena C-UAS

Medios y consideración operativa

Detección

Sensores de radiofrecuencia, radar, electroópticos (EO/IR) y acústicos, combinados según densidad electromagnética del entorno

Clasificación e identificación

Discriminación entre tráfico legítimo y amenaza; correlación multisensor para reducir falsos positivos

Seguimiento

Tracking continuo y predicción de trayectoria para habilitar la decisión de intervención

Neutralización

Efector proporcional al entorno (jamming, spoofing, captura física); en zonas urbanas prima la restricción de riesgo a terceros

Explotación (TECHINT)

Preservación de componentes, memoria, telemetría y rutas para inteligencia técnica; derribar sin explotar es una pérdida de inteligencia

 

La dimensión doctrinal pesa tanto como la técnica. Las unidades necesitan procedimientos claros sobre quién detecta, quién confirma, quién autoriza la intervención y qué ocurre tras neutralizar el sistema. Derribar un dron sin explotar sus componentes, memoria, telemetría o rutas es perder una oportunidad de inteligencia técnica (TECHINT). Cada incidente debe alimentar una base de datos técnico-forense nacional y regional —plataforma, frecuencia, modificaciones, carga, origen de los componentes, navegación y perfil de vuelo—; sin ella, las instituciones combaten episodios aislados en lugar de identificar campañas, proveedores y redes.

Hace falta, además, cooperación internacional para vigilar la movilidad de especialistas, el comercio de componentes sensibles y la aparición de nuevas técnicas en comunidades digitales. El propósito no es criminalizar la experiencia militar legítima, sino detectar conexiones entre conocimiento avanzado y estructuras criminales. La regulación también debe evolucionar hacia un enfoque basado en riesgo: registrar aeronaves sin controlar operadores, componentes, cargas útiles y transacciones sospechosas ofrece una protección limitada, pero una regulación excesiva penaliza a sectores legítimos como agricultura, minería, logística, emergencias o inspección industrial.


¿Qué oportunidad industrial y estratégica abre la amenaza C-UAS en la región?

La amenaza abre un espacio para desarrollar capacidades regionales en lugar de limitarse a importar sistemas C-UAS cerrados y costosos. América Latina necesita soluciones modulares, interoperables y sostenibles, capaces de operar en selva, montaña, desierto, entorno urbano y litoral. Y el mercado no se agota en sensores y efectores: demanda consultoría, formación, simulación, inteligencia técnica, mantenimiento y actualización permanente.

La ventaja competitiva será para quien entienda que el cliente no compra un equipo, sino una capacidad operacional. Eso implica evaluar la amenaza, diseñar la arquitectura, formar al personal, integrar centros de mando, establecer procedimientos, ejecutar ejercicios de fuerza opositora y medir resultados en condiciones realistas.

Colombia, México y Ecuador son mercados prioritarios por la intensidad de la amenaza. Brasil, Perú, Chile y varios países centroamericanos presentan necesidades distintas, vinculadas a puertos, fronteras, minería, prisiones e infraestructuras críticas. Una propuesta regional escalable debería combinar tecnología internacional con integración local, conocimiento del terreno y acompañamiento durante todo el ciclo de vida de la capacidad.


Anticipar el aprendizaje del adversario: ¿quién ganará, quien tenga más drones o quien aprenda más rápido?

El factor decisivo no será quién posea más drones, sino quién aprenda más rápido. La guerra de Ucrania está acumulando una experiencia extraordinaria sobre drones, sensores, comunicaciones y guerra electrónica. Buena parte tendrá aplicaciones legítimas en defensa, industria y seguridad pública; pero una fracción terminará, inevitablemente, en espacios grises.

América Latina no puede esperar a que las técnicas más avanzadas se generalicen para reaccionar. México y Colombia muestran que la transición del uso comercial a la militarización criminal ya está en marcha. Los Estados deben observar cómo evolucionan las organizaciones, anticipar qué conocimientos intentarán adquirir y convertir cada incidente en inteligencia accionable, integrando tecnología, doctrina, regulación, cooperación y desarrollo industrial.

El verdadero legado global de Ucrania no será solo una nueva generación de sistemas no tripulados. Será la demostración de que plataformas baratas, conocimiento distribuido y ciclos rápidos de adaptación pueden desafiar a organizaciones mucho más poderosas. En América Latina, esa lección ya está encontrando alumnos.

 

Cómo Ares ayuda a sus clientes ante esta amenaza

En Ares Training & Consulting abordamos la amenaza drónica desde las tres capas que exige un sistema, no un equipo aislado:

1. Inteligencia estratégica. Anticipación del riesgo en entornos complejos mediante Regional Risk MonitorStrategic Risk Due Diligence y Risk Snapshot.

2. Amenaza drónica. Asesoramiento independiente en materia de UAS y contramedidas C-UAS: Drone Threat Monitor, Drone Threat Assessment y Counter Drone Assessment

3. Adiestramiento especializado. Executive Protection Against DronesCorporate HUMINT y adiestramiento avanzado para unidades gubernamentales.


Autor: Samuel Morales, Cofundador y Consejero Delegado de Ares Consulting and Training. 

© 2026 Ares Consulting & Training. Todos los derechos reservados.


------------------------------------------------------- 


Desde Ares Consulting & Training podemos ayudarle a anticipar riesgos e identificar tendencias para diseñar un plan para mitigar las potenciales consecuencias negativas. Nuestra gama de servicios se adecúa a las necesidades del cliente. Operamos bajo dos pilares: respuesta en tiempo oportuno y discreción absoluta. Transformamos el análisis de riesgos complejos en estrategias de mitigación contra diversas amenazas. Proporcionamos inteligencia actualizada y rigurosa sobre la amenaza, asesoramiento sobre cómo afrontarla y la capacitación necesaria en el área de protección contra la amenaza de drones.


Ares no es una consultora tradicional; somos el socio estratégico de confianza para aquellos que quieren sobrevivir a la incertidumbre.


Síganos en:

X: @AresRiskLATAM