La revolución de los drones está empezando: el desafío drónico de América Latina tras Ucrania

07.07.26 06:37 PM - Comentario(s)

Lecciones de Ucrania para la Seguridad Regional

 

El mayor legado de la guerra de Ucrania no será territorial ni tecnológico, sino la proliferación global del conocimiento: doctrina, tácticas y procedimientos de empleo de sistemas no tripulados que hoy circulan en abierto y más rápido de lo que evoluciona la propia tecnología. Cuando el frente se apague, decenas de miles de operadores exportarán ese saber hacer. América Latina —por sus economías ilícitas, fronteras porosas e infraestructuras vulnerables— será uno de los principales destinos, y el aprendizaje ya ha comenzado: exintegrantes de las FARC instruyen a cárteles mexicanos en drones con explosivos. La conclusión operativa para gobiernos y corporaciones es inequívoca: el activo crítico ya no es la plataforma, sino la capacidad de anticipación, la evaluación de vulnerabilidad aérea (C-UAS) y el adiestramiento realista.




¿Qué convierte a Ucrania en el mayor laboratorio militar del siglo XXI?


Ucrania se ha convertido en el mayor laboratorio de innovación militar de nuestra época porque ha comprimido en cuatro años una transformación doctrinal que en tiempos de paz habría llevado décadas. Los drones han dejado de ser una capacidad auxiliar para pasar a ser el eje del combate terrestre, con la inteligencia artificial integrándose en la identificación y priorización de objetivos, el regreso de la guerra electrónica al centro del campo y redes permanentes de sensores y sistemas de ataque de bajo coste capaces de negar el terreno.

La magnitud es difícil de exagerar. Ucrania pasó de siete fabricantes de drones antes de la invasión a alrededor de 500, y de una producción marginal a más de cuatro millones de unidades anuales, con capacidad para superar los ocho millones de FPV en 2026. En 2024 creó las Fuerzas de Sistemas No Tripulados, la primera rama militar del mundo dedicada específicamente a estos sistemas —un reconocimiento institucional de que estamos ante una nueva arma de combate y no ante una simple evolución tecnológica. Sus equipos de drones, apenas un 2 % del personal, causan una parte desproporcionada de las bajas enemigas.

Pero la verdadera revolución no es industrial. Es que millones de personas han podido observar, estudiar y replicar cada innovación casi en tiempo real. La operación Spiderweb de junio de 2025 lo resume: 117 drones FPV, por un coste aproximado de 117.000 dólares e introducidos de contrabando en camiones, dañaron o destruyeron más de 40 aeronaves rusas valoradas en miles de millones. La lección no fue la tecnología empleada, sino la doctrina, la planificación y la audacia —exactamente el tipo de conocimiento que se difunde.


Tabla 1. Ucrania: el laboratorio drónico en cifras

Indicador

Dato

Lectura estratégica

Fabricantes de drones

De 7 (pre-2022) a ≈500 (2025)

Industrialización distribuida y de bajo umbral de entrada

Producción anual

>4 M en 2025; capacidad >8 M FPV en 2026

Escala que abarata y acelera la difusión de capacidades

Pérdidas por drones

≈60-70 % de las pérdidas rusas en el frente

El dron deja de ser auxiliar y pasa a ser decisivo

Fuerzas de Sist. No Tripulados

1.ª rama militar del mundo (2024)

Reconocimiento doctrinal de una nueva arma de combate

Operación Spiderweb (jun-2025)

117 FPV (≈117.000 $) vs. 40+ aviones

Asimetría de coste extrema; el saber hacer vence al presupuesto

 


¿Por qué la proliferación del conocimiento es más peligrosa que la de la tecnología?


La proliferación del conocimiento es más peligrosa que la de la tecnología porque el saber hacer circula más rápido que el desarrollo tecnológico y no exige grandes presupuestos: basta con observar. Cada ataque FPV, cada adaptación frente a la guerra electrónica, cada procedimiento para superar defensas termina publicado en redes, vídeos de combate, foros técnicos y comunidades abiertas de desarrolladores.

El riesgo real, sin embargo, llegará después de la paz. Cuando Ucrania deje de combatir, miles de operadores regresarán a la vida civil, pasarán al sector privado, ofrecerán formación o —inevitablemente— asesorarán a gobiernos, compañías militares privadas y actores mucho menos legítimos. Ocurrió tras Afganistán, Irak o Siria, pero nunca a esta escala. No se exportarán únicamente drones: se exportará doctrina, procedimientos, tácticas y experiencia de combate —un activo mucho más valioso que la propia plataforma, en operaciones FPV, integración de IA, guerra electrónica, fabricación rápida por impresión 3D, adaptación de drones comerciales e integración ISR.


¿Por qué América Latina será uno de los principales destinos de esa transferencia?


América Latina será un receptor prioritario de esta transferencia informal de conocimiento no por una amenaza convencional comparable a la europea, sino porque concentra los entornos donde los drones ofrecen mayor rentabilidad operacional. La región reúne casi todas las condiciones que convierten a los sistemas no tripulados en multiplicadores de fuerza extraordinariamente atractivos.

Organizaciones criminales que controlan amplias zonas rurales y urbanas; miles de kilómetros de frontera difícilmente vigilables; minería ilegal en áreas remotas; un narcotráfico que necesita inteligencia permanente; infraestructuras energéticas vulnerables; la complejidad extrema de la Amazonía; y Estados con recursos limitados para desplegar vigilancia continua. Donde el terreno es hostil y la presencia estatal intermitente, el dron barato rinde más que cualquier plataforma sofisticada.


¿Cómo están ya aprendiendo las organizaciones criminales en la región?


Las organizaciones criminales no necesitan desarrollar tecnología: solo necesitan comprar conocimiento, y en América Latina esa transferencia ya está documentada. La historia lo confirma —incorporaron sin demora las comunicaciones cifradas, los semisumergibles, la criptografía o los drones comerciales— y la inteligencia artificial aplicada al combate seguirá el mismo camino.

El dato más revelador no es tecnológico, sino humano: según autoridades federales mexicanas, exintegrantes de las FARC han instruido a células de cárteles en la fabricación y el empleo de drones con explosivos y minas. Es la transferencia de doctrina —no de hardware— hecha realidad en el hemisferio. Y sus efectos ya son visibles.


Tabla 2. El aprendizaje criminal ya en marcha en América Latina

Caso

Qué ocurrió

Implicación C-UAS

CJNG · Michoacán

«Narcodrones» con explosivos desde 2021; bombardeos que han desplazado a decenas de miles de personas

Amenaza a población e infraestructura civil; negación de terreno

CJNG · Tijuana

Dron comercial con explosivo estrellado en el complejo fortificado de la Fiscalía estatal (oct-2025)

Penetración de instalaciones «seguras»; vulnerabilidad aérea

FARC → cárteles

Exguerrilleros instruyen a células mexicanas en drones-IED y minas

Transferencia de doctrina y operadores: el activo clave

Comando Vermelho · Río

Explosivos lanzados con drones contra la policía en el operativo del Alemão y Penha (oct-2025)

Difusión regional más allá de México; escenario urbano

 

No hará falta desplegar enjambres plenamente autónomos. Bastará con integrar planificación automática de rutas, reconocimiento de imágenes, navegación asistida o coordinación entre plataformas —capacidades que ya existen en el mercado civil. Frente a ello, la respuesta institucional apenas despega: México ha creado un batallón antidrones para proteger la Copa del Mundo 2026, una señal de que el C-UAS deja de ser una capacidad de nicho para convertirse en requisito de protección de eventos, instalaciones y directivos.


¿Por qué el marco regulatorio corre el riesgo de quedarse atrás?


El marco regulatorio corre el riesgo de quedarse atrás porque se diseña pensando en Estados responsables mientras el acceso a estas capacidades ya se ha democratizado entre actores que nunca aceptarán esas limitaciones. El debate sobre el «control humano significativo», la responsabilidad jurídica o los límites éticos de los sistemas de armas autónomas es imprescindible para preservar el Derecho Internacional Humanitario.

Pero las organizaciones criminales no participarán en conferencias internacionales, los grupos insurgentes no aplicarán revisiones del artículo 36 del Protocolo I adicional a los Convenios de Ginebra y las redes terroristas no limitarán voluntariamente sus algoritmos. La regulación debe encontrar, por tanto, un equilibrio delicado: proteger nuestros valores sin erosionar la capacidad de respuesta frente a quienes jamás los respetarán.


¿Por qué la ventaja competitiva dejará de ser tecnológica?


La ventaja competitiva dejará de residir en el mejor armamento para pasar a residir en la capacidad de integrar tecnología, modificar procedimientos y aprender más deprisa que el adversario. La innovación ya no sigue ciclos de diez años, sino de semanas, y eso obliga a replantear cómo las Fuerzas Armadas y de Seguridad generan doctrina.

Los procesos tradicionales de validación, adquisición y actualización resultan demasiado lentos frente a un adversario que adapta sus tácticas casi en tiempo real. La ventaja dejará de estar en el producto y pasará a estar en la organización —en la doctrina viva, el adiestramiento realista y la inteligencia ágil, no en la última adquisición de material.


¿Qué oportunidad estratégica se abre para América Latina?


La oportunidad para América Latina no consiste en importar plataformas, sino en desarrollar un ecosistema propio de soluciones adaptadas a sus amenazas reales. La región necesita drones resistentes a entornos selváticos, operaciones fluviales, vigilancia de infraestructuras críticas, lucha contra la minería ilegal, protección fronteriza y apoyo a operaciones policiales complejas.

No se trata de replicar el modelo europeo ni de competir en grandes plataformas estratégicas, sino de liderar la integración de soluciones asequibles, escalables y adaptadas a amenazas híbridas, haciendo confluir universidades, empresas tecnológicas, startups, Fuerzas Armadas, policías y centros de innovación en capacidades sostenibles. La ventaja no la dará quien fabrique el mejor dron, sino quien mejor sepa integrarlo, contrarrestarlo y enseñar a hacerlo.


¿Cómo prepararse para la próxima guerra antes de que llegue?


Prepararse para la próxima guerra exige evitar el error clásico de alistarse para la que se acaba de librar: no habrá una «segunda Ucrania» en la región, pero sí actores criminales, insurgencias y redes híbridas que incorporarán progresivamente muchas de las capacidades desarrolladas en el conflicto europeo. La pregunta ya no es si la transferencia de conocimiento se producirá —está ocurriendo—, sino quién la absorberá antes: las instituciones democráticas o quienes desafían al Estado.

La guerra en Ucrania terminará algún día. Lo que permanecerá será el conocimiento acumulado, la experiencia operacional y una nueva generación de especialistas capaces de transformar cualquier conflicto futuro. La proliferación ya no será solo de drones o algoritmos: será, sobre todo, de talento, doctrina y saber hacer. Quienes comprendan que el activo estratégico más valioso del escenario pos-Ucrania no es la tecnología, sino el know-how, llegarán mejor preparados a la próxima década. Quienes no lo hagan descubrirán demasiado tarde que las guerras del futuro no empezarán con una invasión, sino con la difusión silenciosa del conocimiento adquirido en la última gran guerra.

El quick win es abordable: una evaluación de vulnerabilidad aérea (Drone Threat Assessment) de instalaciones y directivos críticos, y un programa de adiestramiento C-UAS y de protección ejecutiva frente a drones, entregan en semanas una línea base de protección. La línea estratégica es de mayor recorrido: institucionalizar la absorción rápida de doctrina —vigilancia tecnológica, ejercicios realistas y actualización continua— como función permanente, antes de que la ventaja la capture quien aprende más rápido.


Autor: Samuel Morales, Cofundador y Consejero Delegado de Ares Consulting and Training. 
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